domingo, 24 de noviembre de 2013

Los tres pelos de oro del trol

Erase una vez en un pueblecito muy pequeño una mujer que acababa de tener un bebé. Esta mujer estaba muy triste porque se había quedado viuda hacía muy poco y no iba a tener dinero para mantener a su niño. Todos los días, por as noches se asomaba a la ventana de su habitación y mirando a las estrellas les pedía un milagro...
Y esa noche mientras mecía la cuna de su bebé para que se durmiera, una luz muy brillante iluminó la habitación y una voz le dijo:
- Soy la Estrella de los Deseos y vengo a hacer un regalo a tu pequeño.
La mujer estaba boquiabierta mirando hacia la luz e intentaba ver quien hablaba pero era tan intensa que casi la cegaba.
- Se que tienes miedo de no poder cuidar de tu hijo, pero no te preocupes porque cuando cumpla los 16 años se enamorará de él la hija del rey se desposarán.
Y antes de que la joven viuda pudiera decir nada la luz se apagó tan rápidamente como se había iluminado dejando la estancia a oscuras y en silencio...pero a la mujer le invadía una enorme sensación de paz.
Pasaron los meses y el niño se iba criando con ciertas penurias pero sano y feliz.
Una tarde de invierno que nevaba mucho estaba la mujer preparando la cena mientras su hijo jugaba frente al fuego encima de una manta y alguien llamó a la puerta.
La mujer miró por la ventana y vió a un elegante hombre totalmente calado por la nieve. Se acercó a la puerta y entreabriéndola le preguntó:
- Que desea?
- Mi carruaje se ha estropeado y está nevando mucho, le contestó. Necesito un sitio para pasar la noche. Le pagaré bien si me deja entrar.
La mujer solía ser desconfiada pero se veía a la legua que el hombre era de la nobleza y como el dinero le vendría muy bien le dejó pasar.
- Entre...pase y quítese esa ropa mojada.
Una vez dentro de la casa la mujer le preparó un baño caliente, le dió un rico plato de sopa y le dejó unas ropas de su difunto marido poniendo a secar las suyas.
- No es mucho, le dijo la mujer, pero como verá somos muy humildes.
- Te estoy muy agradecido, has hecho mucho por mí esta noche y serás recompensada por ello.
Mientras le decía esto se fijó en el niño que ya dormía en su cuna.
- Cuantos meses tiene? preguntó el hombre. Se le ve un bebé feliz...
- Acaba de cumplir 14 meses, contestó la mujer. Es un niño afortunado. Cuando nació vino la Estrella de los Deseos y le hizo un regalo. Cuando sea mayor, la hija del rey se enamorará de él y se desposarán.
Lo que no sabía la mujer es que el hombre con el que hablaba era el mismísimo rey que viajaba de incógnito para poder mezclarse con el pueblo y ver y oir que decían de él.
Al oir esto, al rey se le cambió la cara. Por muy agradecido que le estaba a la mujer, no podía permitir que su hija se casase con aquel niño pobretón.
He pensado, continuó el hombre, que lo mejor que podía hacer por vosotros es llevarme a tu hijo conmigo. Yo no tengo hijos y mi mujer estará encantada de criarlo. Cuando cumpla los 16 años volverá donde tí hecho un hombrecito de provecho.
A la mujer la idea le pareció buena aunque le daba mucha pena separarse de su hijo, sabía que era lo mejor para él. Así que le dijo que sí.
Al día siguiente vino un lacayo a buscar al rey con un carruaje nuevo y éste cogió al bebé y dando una bolsa de monedas a su madre le dijo:
- No estés preocupada por él, ya verás como crece feliz, sano y con una muy buena educación.
Se despidieron y el rey montó en el carruaje con el niño. Durante la noche había estado pensando lo que iba a hacer y pensó que lo mejor era abandonarlo en algún sitio donde cualquiera pudiese recogerlo y mantenerlo alejado de su hija.
Y así lo hizo, lo puso en una cesta bien tapadito y la puso con suavidad en el río. La corriente se encargó de llevárselo lejos de allí.
Pasaron los años y en uno de los muchos viajes que realizaba el rey le sorprendió una tormenta, los caballos estaban muy asustados y decidió parar a esperar a que escampase en un molino que se veía no muy lejos.
El molinero y su mujer estuvieron encantados de dar cobijo al rey y por supuesto pusieron todo lo que tenían a su disposición.
Mientras el rey se calentaba cerca de la chimenea pudo ver en el suelo algo que le trajo a la memoria aquel día en el que abandonó al niño.
-Tenéis hijos?, le preguntó a la molinera
- Sí majestad, un mozalbete de 15 años que llegará de un momento a otro de la escuela.
- En realidad, puntualizó el molinero, no es hijo nuestro, majestad, lo encontré metido en aquella cesta que está allí en la orilla del río.Lo recogí y siempre hemos pensado que era un regalo del cielo porque nosotros no hemos podido concebir.
Al oir eso, el rey ya no tuvo ninguna duda...Era el muchacho que si se cumplía la profecía de la EStrella de los Deseos, se convertiría muy a su pesar en su yerno.
Enseguida puso a funcionar su mente y maquinó un plan para deshacerse de él...
- Puedo pediros un favor?, preguntó el rey al molinero
- Claro majestad, lo necesitéis, contestó el molinero.
- Necesito enviar una carta a la reina. Podría llevarla vuestro hijo?
- Por supuesto, mirad, además ya está aquí de regreso.
Su padre explicó al muchacho que tenía que coger un caballo y dirigirse al palacio para dar una carta a la reina en propia mano.
Y dicho y hecho, se puso en camino.
Cuando cayó la noche y viendo complicado seguir el viaje, el chico paró en una posada del camino. Pidió algo para cenar y una cama donde descansar.
Mientras cenaba, el marido y el hermano de la posadera, que eran dos sinvergüenzas, registraron el zurrón que llevaba el muchacho por equipaje, viendo la carta con el sello real.
Pensando en que podrían sacar provecho de ella, la abrieron y la leyeron...En la carta ponía:
A mi querida reina. El portador de esta carta debe ser encarcelado en la mazmorra del torreón en cuanto os la enttregue. No dude en hacerlo. La felicidad de nuestra hija depende de ello. Firmado, el Rey.
Cuando la leyeron cambiaron de idea. El chico les dió pena y como eran dos gamberros, cambiaron la carta y la volvieron a meter en su sitio.
A la mañana siguiente, el muchacho reanudó el camino y a mediodía llegó a palacio pidiendo ver a la reina enseguida.
Cuando estuvo en su presencia le dio la carta del rey y al abrirla ésta leyó:
Querida mía, el portador de esta carta es nuestro futuro yerno. Debes desposarlo con nuestra hija cuanto antes. No dudes en hacerlo. Su felicidad depende de ello.Firmado: el Rey
La reina no entendía nada, pero si su esposo el rey así lo disponía, así se haría. Así que mandó organizar la boda para el día siguiente.
La princesa no puso objeción porque el chico era guapo y buen mozo y lo poco que habían hablado le había parecido culto y divertido. Y antes de que la casasen con cualquier príncipe petimetre, prefería hacerlocon él.
Cuando el rey volvió de su viaje y vió a su hija casada con el hijo de aquella mujer a la que engañó aquel día no daba crédito a lo que había pasado.
Como era posible? La carta que le enseñaba la reina no era la que él había escrito. Esto tenía que ser un castigo por haber obrado mal.
Casi estaba arrepentido, pero no estaba dispuesto a dar su brazo a torcer, así que llamó a su yerno y le dijo:
- Si quieres estar casado con mi hija, gánatelo. Traeme tres pelos de oro del trol que habita en la montaña oscura.
- Si ese es tu deseo, así lo haré, contesto el ahora príncipe.
Al día siguiente, al amanecer, se puso en camino y a media mañana llegó a las puertas de una ciudad. El centinela que la custodiaba le preguntó hacia donde iba y a que se dedicaba.
- Voy a la siguiente ciudad y me dedico a solucionar problemas.
- Muy bien, pues soluciona el nuestro. Averigua porque la fuente de la plaza central ya no da agua.
- Así lo haré. A mi vuelta tendrás la respuesta...
Siguió su camino y a mediodía llegaba a las puertas de otra ciudad. El centinela le hizo la misma pregunta que el anterior y él le contestó exactamente igual
- Perfecto, dijo el centinela, pues averigua porque nuestro manzano ha dejado de dar manzanas de oro.
- Así lo haré. A mi vuelta sabrás la respuesta.
El centinela le dejo pasar y el joven siguió su viaje sin parase ni a descansar. Así a media tarde llegó al río que que llevaba a la Gran Montaña Oscura.
Se acercó al barquero que llevaba a la otra orilla y éste le preguntó que quería.
- Pasar a la otra orilla.
- Tendrás que responderme a una pregunta. Como puedo librarme de tener que estar remando todo el día y toda la noche cada día llevando gente de una orilla o la otra?
- Tú llévame y a mi vuelta tendrás tu respuesta...
Y el barquero le llevó hasta la orilla recordándole su promesa al despedirse.
El muchacho caminó durante una hora y llegó a la entrada de la cueva del trol. Era sabido por todos que durante el día el trol no estaba porque salía a cazar y que se encontraba su compañera sola. 
Ella tenía fama de ser comprensiva y buena así que entró y la llamó despacio...
- Hola, hay alguien en la cueva?
- Quien anda ahí?
- Soy el yerno del rey y necesito que me ayudes en un asunto.
La trol le dijo que entrase, se sentase y le contase que le ocurria.
El muchacho le contó todo lo que le había ocurrido desde que el rey le pidió que llevase la carta. Le dijo que necesitaba tres pelos de oro del trol y la respuesta a aquellas tres preguntas o perdería a la princesa.
- Está bien, te ayudaré pero que sepas que me deberás un favor y en cualquier momento me lo cobraré. Ahora escóndete que mi compañero está apunto de llegar y ya sabes que no le gustan los extraños.
Cuando el trol llegó, se pusieron a cenar y como él estaba muy cansado enseguida se fueron a la cama. Cuando se hubo dormido, la trol le arrancó un pelo y se despertó.
- Que haces? me has hecho daño
- Perdona, he tenido una pesadilla. La gente de la ciudad venían a quitarnos el agua porque su fuente se ha secado.
- Jajjajajajjaja, rió sonoramente el trol. Pues que saquen la rana que habita en el caño y lo está obstruyendo. Venga mujer, duermete.
Al rato, él ya se había vuelto a dormir y ella le arrancó otro pelo.
- Aaaaaay, mujer, que te pasa ahora?
- Ay, he tenido otra pesadilla. La gente de la ciudad del sur venían a quitarnos nuestros tesoros porque su manzano ya no da manzanas de oro.
- Jajajjajajjajaja, pues que maten a la rata que roe las ríces. A dormir ya que me estás dando la noche.
Cuando el trol se volvió a dormir, su compañera volvió a las andadas y le arrancó otro pelo. 
- Mujer, basta ya, que te pasa ahora?
- Otra pesadilla, y ésta era horrible. El barquero del río venía a preguntarme como puede terminar con esta tediosa faena...
- Pues es bien sencillo, sólo tiene que ponerle el remo en la mano al próximo que le pida que le lleve. Y así quedará libre. Y ahora déjame dormir de una vez o vas a conseguir que me enfade.
La trol esperó que que se hubiese dormido y fué a buscar al joven donde se había escondido. 
- Ten los tres pelos, y supongo que ya habrás escuchado las respuestas.
- Sí, muchas gracias. No olvidaré que me has ayudado. 
Se despidieron y el muchacho emprendió el camino de regreso. Cuando llegó donde el barquero éste le preguntó si ya sabía lo que tenía que hacer.
- Sí pero primero pásame a la otra orilla y te lo diré.
Cuando le hubo cruzado le dijo:
- Sólo tienes que poner el remo en la mano del siguiente que te pida que le lleves y quedarás libre.
- Muchas gracias, eres un buen muchacho. Que tengas suerte.
Siguió su camino y llegó a la segunda ciudad y el centinela le preguntó si había encontrado la solución a su problema.
- Sí sólo tenéis que matar a una rata que vive en las raíces del manzano y las roe.
Lo hicieron y acto seguido las manzanas de oro empezaron a brotar. Llenaron dos sacos con ellas y se las dieron al joven como agradecimiento. Contento y feliz siguió su camino y llegó a la primera ciudad. El centinela le estaba esperando para preguntarle si ya había encontrado la solución a su problema.
- Por supuesto, tenéis que sacar a la rana que se metido a vivir en el caño. 
Lo hicieron y el agua comenzó a manar. LLenaron dos sacos de piedras preciosas y se las diron como agradecimiento.
Más contento y convertido en un hombre rico siguió su camino y llegó a palacio.
Entregó los tres pelos de oro al rey y a éste no le quedó más remedio que claudicar y permitir que su hija y el muchacho siguiesen casados.
- Pero antes dime una cosa, donde has encontrado tanta riqueza.
- A un día de viaje hay un río. Le pedí al barquero que me llevase a la otra orilla y cuando me bajé de la barca todos estos tesoros estaban allí. Solo había que cogerlos.
El rey, envidioso de su yerno, cogió su caballo y fué en busca de ese río. Cuando llegó le pidió al barquero que le cruzase a la otra orilla. Pero éste le puso el remo en la mano quedando así libre de su tedios misión.
Y desde aquel día el rey se pasa el día y la noche cruzando gente a la otra orilla y sin ver ninguna de las riquezas de las que le habló su yerno.
Mientras tanto éste y la princesa viven felices y comen perdices....

Y colorín, colorado...





sábado, 21 de septiembre de 2013

Hansel y Gretel

Erase una vez un leñador que tenía dos hijos, un niño que se llamaba Hansel y una niña que se llamaba Gretel. Era viudo y no pudiendo cuidar él solo de los niños se volvió a casar con una mujer que si bien era muy guapa también era muy egoista y no quería compartir el cariño de su marido con esos mocosos que siempre terminaban por ponerle dolor de cabeza.
El país en el que vivían estaba pasando momentos difíciles y el leñador ya no tenía tanto trabajo como antes. La mayoría de los meses no ganaba el dinero suficiente para correr con todos los gastos de la casa, los niños y todos los caprichos de su bella mujer. Esa noche estaba especialmente preocupado porque no iba a poder pagar un montón de facturas que tenía pendientes y mientras terminaba de cenar le comento a su esposa que estaba desesperado, que no sabía que hacer...
La mujer le contestó que lo mejor era que mandasen a los niños a algún sitio porque llegaría el momento en que no tendrían para comer los cuatro. O mejor aún, al día siguiente les dirían que iban al campo a pasar el día y cuando estuviesen distraídos jugando los dejarían cerca de alguna granja para que los encontrase alguien que pudiera hacerse cargo de ellos.
Hansel y Gretel, que aún no se habían dormido porque tenían hambre lo oyeron todo. Gretel estaba muy asustada pero su hermano le tranquilizó diciéndole que no se preocupase, que él sabía lo que tenían que hacer...
Cuando su padre y su madrastra se fueron a la cama y apagaron la luz, Hansel esperó a que ya no se les oyese hablar y a escuchar los ronquidos de su padre, se levantó de la cama muy despacio, se puso las botas y el abrigo y salió por la ventana de la habitación al jardín que estaba detrás de la casa. Se acercó sin hacer ruido al camino que llevaba al bosque y fué recogiendo piedritas, muchas piedritas y guardándolas en los bolsillos de su pantalón. Cuando creyó que ya tenía bastantes, regresó a la casa y se metió en la cama.
Su hermana le preguntó donde había estado y él sólo le contestó que se durmiese, que ya tenía un plan para el día siguiente. Eso tranquilizó un poco a Gretel que se acurrucó en la cama y se quedó dormida.
A la mañana siguiente su padre les despertó muy temprano. Ya tenía todo preparado para ir de excursión al campo. Los niños hicieron como que no sabían nada de lo que tenían pensado el leñador y su mujer y salieron al camino como si tal cosa. Hansel iba el último para así poder ir tirando las piedritas que le marcarían luego el camino de regreso. Cuando llevaban caminando unas dos horas encontraron un lago y el leñador decidió que pararían allí. El iría a buscar leña para encender un fuego mientras su mujer preparaba unos sencillos bocadillos para almorzar. Cuando el padre volvió los cuatro se sentaron al rededor de la hoguera para comer mientras jugaban a las adivinanzas y cantaban canciones.
El leñador se sentía muy triste pensando en lo que iba a hacer, pero cuando miraba a su esposa, ésta le hacía un guiño de complicidad recordándole que era lo mejor para los cuatro.
Al llegar la tarde, la madrastra propuso jugar al escondite y apoyándose en un árbol empezó a contar uno, dos, tres...cien. Hansel y Gretel se habian escondido juntos porque su padre le pidió al niño que no dejara a su hermana sola en por si acaso... Pasado un rato dejaron de oir la voz de la mujer contando y salvo los ruidos típicos del bosque no oían nada más. La niña empezó  a  preocuparse porque no parecía que iban a buscarles y Hansel comprendió que lo habían hecho...les habían dejado solos.
Pero no se desanimó, cogió a su hermana de la mano y busco el rastro de piedritas que había ido dejando cuando venían y después de andar y andar un buen rato vieron la luz de la casa que salía por la ventana. Echaron a correr y llamaron a la puerta. Cuando su madrastra abrió se quedó boquiabierta de verlos allí pero tenía que disimular asñi que les hizo pasar mientras les echaba una regañina por haberse ido muy lejos a esconderse. El padre se puso muy contento de verlos porque estaba muy arrepentido de haberlos abandonado. Les abrazó y les dió un beso acompañándoles a la cama porque venían agotados. En cuanto los niños se durmieron, la madrastra volvió al ataque con sus reproches y quejas...Que si tenían muchos gastos...que si el colegio era muy caro...que si patatín...que si patatán...pero viendo que su marido no le hacía caso, decidió que llevaría a cabo sus planes ella sola. Por esa noche era mejor dejarlo.
Al fin de semana siguiente les dijo a los niños que les iba a llevar a visitar a una amiga suya que vivía al otro lado del bosque, que tenía unos hijos de su edad con los que podrían pasar el día jugando. A los niños les pareció estupendo, por una vez parecía que su madrastra les apreciaba. Pero como Hansel no se terminaba de fiar de ella y no le daba tiempo a recoger piedritas, metio un trozo del pan del desayuno en el bolsillo por si acaso. A media mañana salieron de casa aprovechando que el leñador había ido al pueblo a ver si podía conseguir algo para comer y se adentraron en el bosque caminando durante bastante tiempo. Hansel iba echando miguitas de pan por el camino para poder volver a casa si su madrastra les hacía alguna jugarreta. Llegaron a una llanura desde la que se veía una casita a lo lejos...
- Esa no es la casa de mi amiga, nos hemos debido perder, dijo la madrastra pareciendo preocupada., pero no importa sentaros en estas piedras un momento que yo voy a echar un vistazo por el otro lado...
Y les dejó allí sentados durante horas. Al caer la noche, los niños se acercaron a la casita y se llevaron la grata sorpresa de que estaba hecha de chocolate y caramelo. Las ventanas estaban llenas de piruletas y la puerta estaba hecha de bombones. Esa casita era el sueño de todo niño. Hansel y Gretel estaban muertos de hambre y muy cansados así que empezaron a coger trocitos de chocolate, de algodón de azúcar que salía de la chimenes, de caramelos de fresa y nata...Y comían y comían sin parar. Estaban tan ensimismados  entre tanto dulce que no se dieron cuenta que por detrás se les acercaba alguien...
- Quien está comiéndose mi casa?, preguntó la voz de una anciana.
- Somos Hansel y Gretel y estamos cansados y tenemos hambre, contestó Hansel.
- Ohhhh!!! pobres pequeñines pasad, pasad...yo os daré de cenar. Dijo la anciana amablemente...
Los niños entraron en la casa y en cuanto la anciana cerró la puerta se convirtió en una malvada bruja.
- Jajajajjaaaaj, se rió la bruja, que ingenuos sois...Tú niña, le gritó a Gretel, vete a la cocina y pon a calentar agua. Y tú niño, ven conmigo...
Agarró a Hansel del brazo y le bajó al sotano por una escalera , Allí le ató con una cadena como si fuera una bestia y le dijo:
- Te engordaré para luego comerte...Está tan flacucho!!
Y dejó al niño allí para subir a ver si Gretel ya había empezado a calentar el agua.
- Ven niña, vamos a cocinar algo rico para tu hermano, que le ponga gordito para que pueda comermelo...Jajajajjjaaj.
Cocinaron un pollo con patatas que Gretel bajó al sótano llorando.
- No llores, le dijo su hermano, ya pensaré como escaparnos de aquí.
A la mañana siguiente cuando la bruja bajó al sótano le dijo al niño:
- A ver, saco de huesos, jajjajjjajaaj, enséñame un dedo a ver si has engordado algo.
Hansel, que era muy listo, y aprovechando la oscuridad del sótano y que la vieja bruja ya no veía muy bien, asomó por los barrotes de la jaula en la que estaba un hueso del pollo de la noche anterior y la bruja al verlo, dijo:
- Bah, no has engordado nada, tendré que decirle a la estúpida de tu hermana que cocide un buen cocido de garbanzos.Necesito comerte para recobrar mi juventud y mi belleza.
Así pasaron los días, y la bruja ya empezaba a cansarse de que el niño no engordase. Así que le dijo a Gretel:
- Niña, hoy vanos a limpiar bien el horno, mañana me comeré ya a tu hermano o nunca recobrare mi suave torso y mi hermosa piel.
Gretel fue a la cocina y abrió el hono para limpiarlo, pero vió algo en su interior y se le ocurrió una idea. LLamó  ala bruja y le dijo:
- Hay algo en el fondo del horno y yo no llego a sacarlo, tendrá que ayudarme.
La bruja, que no era muy lista, asomó la cabeza y comprobó que había unos huesos del niño anterior que se había comido y poniendose de rodillas encima de una silla metió medio cuerpo para poder cogerlos.
La niña entonces le pegó un empujón en el culo y la metió dentro, cerrando la puerta y encendiendo el horno con la bruja dentro.
Cogió las llaves que colgaban de un gancho y bajó corriendo al sotano a liberar a su hermano. LOs dos juntos ya, salieron corriendo de la casa y no pararon de correr hasta que llegaron a un lago.
- No podremos cruzarlo, sollozó la niña. Nunca podremos llegar a casa.
En ese momento se les acercó un pájaro y les dijo:
- No os preocupéis, yo se donde vivis. Sentaros aquí y esperarme.
Al rato volvió con dos patos que montaron cada uno a un niño encima suyo y guiados por el pajarito los llevaron a su casa.
Cuando llegaron Hansel le preguntó que como sabía donde vivían y el pajarito le contestó que sin darse cuenta aquel día que se perdieron en el bosque él se había ido comiendo las miguitas de pan y el rastro le llevó hasta su casa.
Los niños se despidieron de los tres animales y llamaron a la puerta llamando a gritos a su padre. El les oyó enseguida y corriendo les abrió sin poder creerse lo que veía.
- Hijos míos, cuanto los siento. Yo no sabía los planes de vuestra madrastra. Os he buscado por todas partes pero no pude encontraros.
Los dos niños se abrazaron a su padre que les contó que en cuanto supo lo que su mujer les había hecho le había echado de casa.
Ahora vivirían los tres allí solos apañándose con lo que tenían.
Por la noche cuando les ayudaba a ponerse el pijama notó algo en el bolsillo del delantal que llevaba Gretel. Metió la mano y sacó dos enormes piedras que brillaban mucho.
- De donde has sacado esto hija mía?
- Ya no me acordaba de ellas dijo la niña. Rompí una caja en casa de la bruja al limpiarla y se cayeron al suelo. Las escondí para que no me pegase con la escoba.
El leñador le dió una abrazo sonriendo porque eran dos diamantes. Sus problemas económicos se habían solucionado de repente. Ahora sí que podrían vivir felices...

Y colorí colorado...

jueves, 9 de mayo de 2013

El ratoncito Pérez

Erase una vez un pequeño ratoncito que vivía en el zócalo de una panadería con su familia. Su padre trabajaba en una librería y su madre se ocupaba de la casa y sus dos hermanos. El iba cada día al colegio y por la noche con un tío suyo a recoger las sobras de masa de la panadería, la horneaban y al día siguiente su tío la vendía entre sus vecinos. Así poco a poco iban saliendo adelante, pero el ratoncito quería ir más allá...soñaba con ser alguien importante algún día...alguien como el señor Molar, el dentista que tenía su consulta encima de la panadería. El ratoncito subía a escondidas todas las tardes después de acabar sus deberes y se quedaba mirando como el señor Molar, cuidaba de la dentadura del barrio. Y tanto mirar y mirar, iba aprendiendo como hacerlo y los sábados, como no había escuela, él recibía en el trastero de su casa a todos aquellos ratones que necesitaban una limpieza de dentadura o algún pequeño arreglo. Pero la última semana había visto hacer una cosa al dentista que le había fascinado y en la que no hacía más que pensar. Estaba colocando dientes nuevos a personas a las que o se le habían caído de viejos o había que sacárselos porque estaban enfermos.
Y él también quería hacer eso pero siempre que lo había intentando con los dientes que el señor Molar desechaba había fracasado porque al resto de los ratones les quedaban tan grandes que luego no podían hacer nada con ellos puestos e incluso a algunos les hacían daño. Así que pensaba y pensaba como podría solucionar el problema.
Y un día, se le presentó la solución en bandeja. Estaba como siempre encaramado al alfeizar de la ventana mirando y observando cada movimiento que hacía el dentista cuando vió que el paciente que entraba ahora era un niño de unos diez años al que le estaba saliendo un diente por detrás de otro y no tenía sitio para los dos. Así que el señor Molar le quitó el diente más antiguo, que llamó de leche y así dejó el hueco libre para que el segundo diente creciera a sus anchas y sano.
El niño quiso llevarse el diente a casa para enseñárselo a sus amigos y eso es lo que le dió al ratoncito la idea...Se lo compararía y como era más pequeño quedaría genial en la boca de un ratón...
Y tal como lo pensó, lo hizo...por la noche, después de cenar se acercó a la casa del niño para comprarle el diente, pero lo que no pensó el ratoncito es que el niño quizás se asustase al verle o no quisiera venderle el diente o ...Da igual, porque cuando Pérez llegó hasta la habitación del niño, no tuvo ni tien¡mpo de hablar con él. El niño estaba agotado, y nada más cenar pidió a su madre que le acompañase a la cama y le contase un cuento.
El niño no se separaba de su diente y cuando le entró el sueño, lo guardó debajo de su almohada. Su madre le tapó bien, apagó la luz y salió del cuarto cerrando la puerta.
Pérez esperó a que no se oyese ruido en la casa y entró en la habitación del niño dispuesto a llevarse el diente, pero a cambio le dejaría la moneda con la que pensaba  pagarle cuando se lo comprase.

Y así lo hizo, se acercó despacio andando de puntillas, trepó por la sábana, se metió bajo la almohada y salió con el diente y sin la moneda muy satisfecho. 
A la mañana siguiente, lo primero que hizo el niño al despertarse es meter la mano debajo de la almohada para coger su diente, pero en lugar de eso palpó algo redondo y frío. Lo sacó y cuando vió lo que era se puso a dar saltos y gritos de alegría...
-Uma moneda, una moneda...mamá, mamá miraaaaaaaaaaaaa
Su medre fué corriendo al oir los gritos y al ver al niño tan feliz preguntó que había pasado. Y él le contó que el diente que había dejado a la noche bajo su almohada se había convertido en una moneda, mucho más valiosa.
Lo contó en el colegio a sus amigos, en el autobús, en el parque...se corrió la voz por el barrio y desde ese día todos los niños dijeron que iban a hacer lo mismo. Cuando se les cayera un diente lo meterían bajo la almohada para que se convirtiese en moneda.
Y a Pérez ya nunca le faltaron dientes para hacer su trabajo de dentista. Cada noche se pasaba por la habitación de los niños que sabía que se le había caído un dientepara recogerlos y dejar una moneda en su lugar.
El ratoncitó así fue haciéndose cada vez más y más famoso, tanto entre los ratones como dentista como entre los niños, que aunque no sabían quien lo hacía estaban encantados  con ese pequeño cambio.
Y colrín colorado... 

domingo, 28 de abril de 2013

El patito feo

Erase una vez una pequeña y bonita granja que se encontraba en una llanura con un enorme estanque de aguas cristalinas. Los granjeros eran un matrimonio ya mayor que ya no podían mantenerla como antaño, pero que seguían cuidando de sus animales y su cosecha.
Era primavera y había mucho revuelo porque casi todas las hembras habían tenido o estaban a punto de tener sus crías. La yegua había tenido ya un precioso potrillo, la vaca dos terneritas, la oveja estaba esperando a que llegasen de un momento a otro sus corderos y la pata no se separaba de sus huevos esperando a que empezasen a romper el cascarón.
Y no se hicieron esperar más. De repente la mamá pata empezó a notar como sus patitos se movían dentro de los huevos y los golpeaban para romper las cáscaras. Poco a poco y uno a uno fueron sacando primero una pata, luego otra, luego el pico y así y con ayuda de su madre fueron saliendo uno detrás de otro. El papá pato miraba atentamente y muy nervioso como iban naciendo sus hijitos y cada vez que salía uno se acercaba a mirarlo y a hacerles una caricia con el pico. Estaba muy orgulloso. 
Los patitos saludaban a sus flamantes papás con un "cuac, cuac" suave y tierno. Pero había un huevo que no se movía. Era un poco más grande que los otros y la pata se lo había encontrado abandonado un día que había salido a buscar comida. Lo había recogido con cuidado después de escuchar que la cría de dentro estaba viva y lo había llevado a su nido para incubarlño con los suyos. 
Y ahora que había llegado el momento del nacimiento estaba un poco preocupada porque en realidad no sabía de que especie era y a su marido no le había hecho mucha gracia la intrusión. Pero ella le había convencido de que no podían dejarlo allí solito porquer serviría de alimento para algún depredador. 
Reunió a todos sus patitos a su alrededor y mientras les daba de comer se sentó  y decidió que no se movería de encima de ese huevo hasta que la criatura que había dentro decidiese salir.
Y así se quedó hasta que el sueño le venció y acurrucada entre sus patitos y papá pato durmió profundamende hasta el amanecer. 
Justo cuando salía el sol y el gallo cantaba su potente kikirikiiiiiiiiiiiiii para despertar a todo el mundo, unos suaves golpecitos dentro del huevo hicieron que la pata se levantara. La gallina, muy cotilla ella, avisó corriendo a todo el mundo, que se fueron agolpando alrededor del gran protagonista.
Este, como los otros patitos habían hecho el día anterior, sacó una pata, luego otra, luego un poco el pico y por fin la cabeza a la vez que emitía un estruendoso "cuoooooooooooc" que dejó toda la granja en silencio. 
Era un pato grandote y muy feo. Todo el mundo se quedó mirándolo perplejo porque nunca habían visto una cría de pato así. 
El patito terminó de quitarse toda la cáscara de encima y se apresuró a acurrucarse bajo el ala de su madre asustado. Era muy torpón andando y se tropezó unas cuantas veces, lo que provocó unas risas colectivas.
Mamá y papá pato miraban al patito con lástima porque le habían cogido cariño pero algo les decía que iba a traerles problemas... 
Y así fué...Fueron al estanque para enseñarles a nadar pero él se caía todo el rato por el camino, sus hermanos se reían de él y en el agua las cosas aún fueron peores porque nadaba peor que andaba. 
Todo el mundo le miraba con cara rara y se reían sin disimulo. El patito que al principio no se daba cuenta empezó a sentir que aquello no era normal y que si todo el mundo le miraba así era porque era un bicho raro.
Aquello le puso muy triste y fue a preguntarle a su madre porqué no se parecía a sus hermanos. Se había visto reflejado en las aguas del estanque y era mucho más grande y no tenía el mismo color. Además los sonidos que emitía eran también diferentes. 
Mamá pato se sentó con él apartándose de los demás y le contó la verdad. Que no era su hijo de verdad, que lo había encontrado y que no tenía ni remota idea de que es lo que era. Pero también le dijo que a ella no le importaba, que para ella era un hijo más porque así lo había incubado y había esperado a que naciera. Que ella le ayudaría a ser como los demás y a que poco a poco le aceptasen. 
Pero pasaban los días y el patito no se integraba, no podía andar como los demás, ni nadar, y su voz tampoco mejoraba. Era el hazmerreir de la granja y en los ojos de sus padres sólo veía tristeza. Por eso pensó que lo mejor era quese fuese de allí y viviese su vida solo.
Y por la mañana, nada más salir el sol, cogió algo de comida y se puso en marcha por el camino que iba paralelo a la carretera por donde el granjero iba al pueblo.
Durante su viaje se cruzó con dos pavos, que le llamaron feo, unos cerdos que se rieron de lo torpe que era...y así todo el día. Cuando llegó la tarde estaba agotado y hambriento, así que en cuanto vió un sitio donde resguardecerse, decidió parar a descansar. 
Encontró una casita en un campo donde había granero que pensó que sería un buen refugio.Se acercó despacio sin hacer mucho ruido para no llamar la atención y entró. Había un montón de paja amontonada que le serviría de colchón y unas sobras de comida en un rincón que serían su cena.
Cuando acabo de comérselas se quedó profundamente dormido.
Al día siguiente le despertó una voz aguda femenina que le preguntaba de donde había salido.
- Estoy buscando a alguien que sea de mi especie o la conozca para que me diga que soy.
La voz era de una oca que hablaba con su hermana y ambas le dijeron que quizás ellas podían ayudarle.
El patito dió un salto y echando a correr les dijo:
-Si? pues vamos, vamos...no hay tiempo que perder.
Anduvieron los tres un rato no demasiado largo y llegaron al estanque más grande que el pato había visto. En realidad era un lago, pero él no lo sabía...
-Quédate aquí y verás como viene alguien a ayudarte, dijeron las ocas.
Y el patito feo se quedó sentado a la orilla del lago, esperando. Pero pasaron las horas y allí no venía nadie, así que empezó a pensar que las ocas se habían reido de él. Y ya no pudo más y se echó a llorar.
Y cuando ya había perdido toda esperanza, oyó una voz que le preguntaba:
-Que te pasa? Porque lloras?
-Porque todo el mundo se ríe de mí. Soy el pato más feo y más desgraciado del mundo, contestó él sin parar de llorar.
-Feo? Pues a mi me pareces un cisne muy bonito, contestó la voz
El patito nunca había oído hablar de los cisnes, así que se sorprendió bastante y al ir a levantar la cabeza vió reflejados en el agua del lago a un montón de patitos que eran exactos a él.
-Cisne? Que es un cisne?, pregunto con los ojos como platos.
Y de entre los pequeños cisnes se abrió paso lo que al patito le pareció el ser más bello que había visto.
-Tú, pequeño mío. Y no se de donde sacas que eres feo porque eres guapísimo y vas a ser un elegante y bello csne cuando crezcas.
El patito, bueno el cisne, sonrió y alargó el ala para agarrarse a la que extendía la cisne. Y en cuanto estuvo en el agua, sus nuevos amigos le enseñaron a nadar  y lo que era mejor, a volar.
Pasó el día con ellos y le contaron que las dos ocas habían avisado a su madre de que pensaban que había un pequeño cisne perdido cerca del lago.
Y nuestro amigo fue adoptado por mama y papá cisne y vivió feliz junto a sus hermanos, paseandose por toda la comarca mostrándose orgulloso de lo que era...Un bello cisne.
Y colorín colorado...

sábado, 20 de abril de 2013

El soldadito de plomo

Erase una vez un niño que celebraba su cumpleaños con una gran fiesta en el jardín de su casa con todos sus amiguitos. Jugaban, corrían, comían, veían  a los payasos y no paraban de reirse y gritar. Se estaban divirtiendo mucho. El niño de vez en cuando miraba hacia una mesa enorme que estaba debajo del gran árbol y sobre la que había una gran tarta con sus 9 velas. Y a ambos lados de ella un montón de paquetes envueltos en papeles de colores...los regalos. Como deseaba que llegase la hora de abrirlos. Su abuelo le había prometido una gran sorpresa.
Y el momento no tardó en llegar, enseguida oyó la suave voz de su madre diciendo:
- Venga niños, a comer la tarta...
Todos dejaron lo que estaban haciendo y corrieron a ponerse alrededor de la mesa. La madre había encendido la velas y el niño, pidió un deseo y apagó todas de un soplido. Mientras repartían la tarta, empezó a abrir lo regalos. Había de todo, cuentos, libros, pinturas, una cometa, el coche que le había pedido a su padre, un balón...y casi al final quitó el papel a una caja que pesaba más que las otras y cuando abrió la tapa se encontró con lo más bonito que había visto nunca. Alineados en dos filas de 12 cada una había 24 soldados de plomo pintados a mano con sus uniformes rojos y azules y todos los detalles que les daban aquel aspecto tan real. Su abuelo se acercó y le dijo sonriendo:
- Cuísalos mucho, llevan conmigo toda la vida...
El niño fue sacando los soldados uno a uno y poniéndolos de pie encima de la mesa, y de repente cogió uno que no era como los demás. Le faltaba una pierna, aunque se mantení en pie igual.
- Parece ser que se les acabó el plomo, dijo el abuelo riéndose.
Poco a poco la fiesta fué acabándose y los amigos del niño se fueron para sus casas. Sus padres metieron dentro de la casa todos los regalos y como se había hecho tarde le mandaron a la cama.
El niño se durmió y cuando dieron las doce de la noche todos los juguetes cobraron vida, los indios corrían en sus caballos, dos boxeadores se pegaban en el ring, los soldados desfilaban...todos menos uno. El soldado al que le faltaba la pierna, no podía desfilar, seguía de pie, firme mirando todo lo que hacían los demás. De repente vió a una bailarina que había salido de una caja que tocaba música y se había puesto a bailar. Era la chica más guapa que había visto nunca...Cuando ella le miró y le sonrió sintió que el corazón le daba un vuelco. Se había enamorado.
Se pasaron toda la noche hablando, contándose sus cosas. Ella también empezaba a sentir algo...Pero empezó a salir el sol y sabían que era la señal para volver a su sitio y estarse quitecitos hasta la medianoche.
Al día siguiente era fiesta así que en cuanto el niño se despertó corrió a ver sus nuevos juguetes. No sabía muy bien porque pero ese soldado al que le faltaba la pierna le gustaba especialmente. Le iba a poner a vigilar las tropas. Así que le colocó en el quicio de una ventana para que viese todo desde lo alto. Pero el niño no se dió cuenta que la ventana estaba un poco abierta y que hacía mucho viento. Al poco rato de poner allí al soldado, una ráfaga de aire abrió de golpe la ventana mandando al soldadito de un golpe a la calle. El niño bajó a buscarlo pero no lo encontró porque unos gamberros lo habían montado en un barco de papel y lo habían puesto a navegar por un riachuelo de agua que iba hacia la alcantarilla. El pobre soldado se mantenía dentro del barco como podía porque iba dando tumbos por el agua zarandeado por remolinos y trastos que se encontraba a su paso.
Oyó un ruido muy fuerte y empezó a caer por una catarata para luego llegar a un sitio donde el agua estaba en calma. Parecía un río, pero los problemas no cesaban porque el barco al ser de papel se había roto casi del todo y el soldadito  se fue hundiendo cada vez más rápido hacia el fondo.
Cuando ya pensaba que lo peor había pasado, apareció un pez enorme y se lo zampó.
Pero había un pescador en el río que había echado el anzuelo y el pez que era un tragón lo picó. A los pocos días estaba en la cocina  de la casa del niño encima de la mesa a punto de ser cocinado. Cuando la cocinera le abrió la tripa para limpiarlo, vio al soldadito entre los pececillos que se había tragado el grandullón. Enseguida lo limpió y se lo llevó al niño que se puso contentísimo de recuperar a su amigo.
Aquella noche cuando los juguetes cobraron vida, la bailarina bailó más feliz que nunca y el soldadito, que no podía creer estar de vuelta le prometió que nunca más se separarían el uno del otro.
Y colorín colorado...

viernes, 12 de abril de 2013

Caperucita roja

Erase una vez una niña que vivía en una cabaña del bosque con su madre. Le llamaban Caperucita Roja porque siempre llevaba una capa con una caperuza de color rojo. En el mismo bosque pero bastante alejada de ellas, vivía en otra cabañita  su abuelita. Y hoy la abuelita se había puesto enferma y la madre de Caperucita le encargó que mientras ella iba a trabajar y a recoger leña para el fuego, tenía que ir a visitarla y llevarle la comida.
A Caperucita le gustaba mucho ir a la cabaña de la abuelita porque siempre le contaba unos cuentos muy bonitos y le daba de merendar unos bizcochos que hacia ella que estaban para chuparse los dedos. Así que se puso muy contenta con el encargo y justo después de comer, se puso su capa roja, cogió la cesta de comida que había preparado su madre y salió de su casa para llegar lo antes posible donde la abuelita.
- No se te ocurra parate a hablar con extraños, Caperucita. Le advirtió su madre dándole un beso en la mejilla...
- Descuida mamá, que no me pararé ni hablaré con nadie. Contestó la niña sonriendo mientras ya salía por la puerta y cogía el camino que se adentraba en el bosque.
Y Caperucita iba por el camino del bosque que llevaba a casa de la abuelita cortando unas flores para regalarle y cantando cuando de detrás de un árbol salio un lobo y le preguntó:
- Donde vas Caperucita?
- A casa de la buelita y déjame en paz que no me puedo parar...
- Vaya, vaya y dime Caperucita, le dijo el lobo, para que vas a casa de la abuelita?
- Porque está malita y voy a llevarle unas flores y esta cesta de comida. Y déjame en paz que no me puedo entretener...
 -Aaaah!!! y dime Caperucita, que llevas en la cestita?
-Pues unas tortitas y una jarrita de miel, le contestó Caperucita. Y déjame que llegaré tarde...
Al lobo, mientras hablaba con Caperucita  se le iba haciendo la boca agua y no podía dejar de pensar en que iba a ir a casa de la abuelita para aprovechar que al estar malita estaría flojucha y le sería muy fácil comérsela y luego esperaría a que llegase Caperucita para que fuese su segundo plato.
-Bueno Caperucita, no te entretengo más que no quiero que se te haga tarde y por mi culpa te catigue tu madre. Sigue tu camino y no te entretengas, eh?
-Adios lobo, dijo Caperucita, no me entretendré.
Y Caperucita siguió su camino saltando y cantando acompañada por los pajaritos y las ardillas que había por el bosque.
El lobo mientras tanto echó a correr hacia un atajo que conocía y que sabía que llevaba hasta la casa de la abuelita. Y cuando llegó, llamó a la puerta.
-Toc, toc...
-Quien es? Preguntó la abuelita desde dentro...
Y el lobo falseando la voz e imitando a una niñita le contestó:
-Soy yo abuelita, tu nieta Caperucita.
-Pasa, pasa querida, que alegría me da verte...
La abuelita que no llevaba las gafas puestas y en la penumbra de su habitación no se dió cuenta que no era Caperucita sino el lobo tragón que se la quería merendar. Y dicho y hecho, el lobo abrió su enorme boca y de un sólo bocado se comió a la abuelita.
A lo lejos, pero acercándose, oye la voz de Caperucita catando. Se puso el gorro de la abuelita y las gafas que había debajo de la mesa y coió un camisón del armario a toda prisa. Luego se metió en la cama y esperó...
Al poco rato oyó unos suaves golpecitos en la puerta y una voz de niña que decía:
-Hola abuelita, soy yo, Caperucita
-Pasa, pasa queridita, dijo el lobo intentando hablar como la abuelita...
Caperucita entró y como la habitación estaba oscura con las cortinas corridas y el lobo se había tapado muy bien con la sábana, no se dió cuenta del cambio aunque si que notaba algo raro.
Cogió una silla y se sento al lado de la cama...y mirando hacia ella, preguntó:
-Abuelita, estás bien? Que ojos más grandes tienes...
-Sí, queridita, contestó el lobo, son para poder verte mejor...
-Abuelita, siguió la niña, que orejas más grandes tienes...
-Sí Caperucita, son para oirte mejor...
-Pero abuelita, no es un poco raro la boca tan grande que tienes?
-Siiiiiiiiiiiiiiiii, es para comerte mejoooooooooorrrrrrrrrrrrrr...y mientras decía esto el lobo tragón se abalanzó sobre Caperucita y al igual que hizo con la abuelita, ñampa zampa, de un bocado se la zampó.
-Socorrooooooooooo, auxilioooooooooooo, gritaba Caperucita mientras bajaba por la tripa del lobo.
Un cazador que estaba por el bosque oyó los gritos y muy deprisa corrió hacia el lugar de donde creía que venían. Y cuando vió la puerta de la casa de la abuelita, casi se imaginó lo que había pasado. La casa estaba vacía pero el lobo no podía andar muiy lejos porque recién comido andaba muy torpe. Así que el cazador siguiendo su rastro con los perros no tardó en encontrarle al borde del río bebiendo.
Se echó encima de él y con una navaja le hizo un corte en la tripa para poder sacar a Caperucita y su abuelita. Luego la llenó de piedras y lanzó al lobo al río, para que aprendiese la lección.
Y vaya si la aprendíó...Le costo mucho poder subier a la superficie y sacarse todas las peidras de la tripa, así que preometió que nunca más cometería fechorías.
Pero no fué el lobo sólo el que ese día aprendió la lección. También Caperucita se dió cuenta que si no le hubiera dicho al lobo donde iba nada de eso habría pasado, así que ya nunca más desobedeció a su madre ni habló con extraños.
Y colorín colorado....

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